El fin del mundo y un despiadado país de la maravillas
Se me venció el plazo de los libros y como siempre tendré que pagar una castigo millonario por ellos, aunque pensándolo bien nada podría pagar ni compararse con la felicidad que siento al sentir el olor a libro nuevo, las cosquillas en la cabeza que se parecen al cariñito de mami en mi pelo y la innata imaginación pausada que crece y crece al leerlos. Gracias Haruki por regalarme está alegría extrema y no parar de construir universos paralelos con tu literatura exquisita y fantasmagórica; A la mierda las multas.
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