jueves, 17 de octubre de 2013

L O S C A B R O S

Nuestras vidas se comparten hace meses. Los eternamente volátiles: el de la eme en la frente y el honesto. Nos podemos abrazar, escuchar, molestar, echar risas y siempre -siempre- será novedoso. Los glaciares, las vertientes, las rocas, el jarvey, la critica, las nubes y todas las capas de la atmósfera nos integraron a la vida del otro sin compromisos, carentes de prejuicios y eternamente colectivizados. Es como para no caerse ante la ciudad, para que su ritmo no pese tanto en los hombros. Siempre estaremos atentos a la ruralidad de todos, porque el pacto de la manito no se rompe jamás y los unos se reciben con el pecho inflado. Porque odiar barrios cuicos es parte de nuestra cotidianidad y la vida se siente mejor sentados en bancas -en el piso, en el pasto, en el aire- con extraños, pero juntos. Vamos hacia las luces buscando más viajes, más challas, más alegrías. Jamás han sido santiaguinos para mi mundo.

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