
Hacen falta trenes, helicópteros, aviones y barcos, los buses cansan y más si llevan a pueblos del lejano oeste, el vidrio se vuelve opaco y los diarios dan náuseas, lo bueno es que el mar verde acompaña hasta en la peor tarde de ríos vecinos con carreras de envoltorios, similares a las tardes de invierno de julio en donde dibujábamos constelaciones en los huecos de los cuadros que aún faltaban por colgar, frías, pero siempre flotantes, regando las plantas y todos los recuerdos. (Dibagando)