Si es que ya no decido
volver más, sepan que desde hace algunos movimientos atrás descubrí un sitio que me hace sentir y vivir dichosa,
es como si mi ser en toda su constitución eligiese en cada instante todo lo que
compone a eso que los terrícolas dieron por nombre "selva". Y es que, vivir en estas constantes conurbaciones me pone triste el pelo, me agranda y me achica, me aprieta botones, me desenchufa, hace que me desentienda más fácil. Entonces, las casas de tierra, de techos de ramas, las chakras, las frutas, el no tiempo, los amaneceres, los atardeceres, la ruido/vibración de la ñuke y todas las guas que me envuelven, me llaman cada vez con más fuerza.