viernes, 17 de julio de 2015

Energía cósmica y vital

Descubres que has caminado, cuando te fijas en la estela que se ha dibujado, desde el inicio del andar, hasta el hoy. La piel se trasluce, las líneas  neonatales de las manos cambian, el pelo nace, los órganos se sienten felices, la sangre danza y quiere salir -por cualquier oportunidad-. Eso, afuera se palpa, porque pulula alegre el alegato fiestero interno dentro del cotidiano -que por cierto se ha esculpido a mano-, brilla todo, se transmuta la vida y la vida en esencia avanza. No es unidireccional, porque en realidad se viaja en forma de pócima. Tienes un frasco, el más querido, lo rótulas, le tejes una bolsita -ojalá de lana roja-, te lo cuelgas en el cuello. Eres tú y somos todos, allí, colgando, moviéndonos, emergiendo desde el centro del alma. En este caso es mi propia alma, que se destruye, que se construye, que se destruye, que se construye, que se destruye, que se construye. Que vuela con todos y que se cree espiral. Todos mis secretos, se guardan ahí, todos sus secretos también. No era tan difícil rehacerse. Soy un caleidoscopio lleno de plantas, que toma de la pócima mágica todos los días,  porque es infinita y se expande, tengo vidrios que reflejan el espectro, llego hacia los colores que nos han dicho que no podemos ver. Ocurrió sin casualidad, cuando descubrí que podía hacerme cargo de la composición de todas mis células y sus enzimas, de todos los genes que integran mi ser, de toda mi vida en este tiempo y espacio que varia 

No hay comentarios:

Publicar un comentario